La piel que habito: puro cine

Vaya por delante: creo que La piel que habito es la mejor película de Pedro Almodóvar. Dicho esto, que es muy sencillo de decir, veamos por qué me ha gustado.

Es ya un tópico decir que todas las historias están ya contadas; pero no por eso es menos cierto. Ya no se pueden inventar nuevos cuentos, lo único que el verdadero artista puede hacer es contarlos de tal forma que parezcan nuevos. Darles una vuelta de tuerca, reinventarlos, como se suele decir. Esto es lo que hace Pedro Almodóvar en su última película.

La piel que habito es una historia de venganza. Punto. Lo que la hace original es el cómo. Y aunque casi todos los cómos ya han sido utilizados demasiadas veces, logra llevar la narración a su particular mundo y, así, hacerla única. Tiene razón Sergio del Molino cuando escribe que si Michael Haneke hubiera dirigido esta película estaríamos todos muertos de miedo. Los verdaderos directores saben tomar una historia ajena y hacerla suya. También Tarantino escribió una larga historia de venganza y fascinó a medio mundo.

El cómo de La piel que habito es una estructura narrativa no lineal. Son tres actos (el segundo dividido en dos) en los que se cuenta la historia a base de flashbacks. En el primero la venganza está consumada: vemos los efectos, aunque no entendemos quién es el vengador, quién la víctima y cuál el motivo. En el segundo se nos cuenta, como si fueran un sueño (o dos: los de Banderas y Anaya), qué sucedió para despertar la ira de Banderas, y cuál fue, en realidad, esta venganza. En el tercer acto volvemos al presente, casi donde lo habíamos dejado.

El final es uno de los mejores del director. Dire Straits terminaban sus conciertos con Local Hero, un tema muy tranquilo, y con las luces encendidas. También Almodóvar huye aquí del final impactante, de los fuegos de artificio. Sólo una frase, apenas susurrada, una frase que, como la pronunciada por el asesino de El secreto de sus ojos, permanece en mi memoria. Y lo hará durante mucho tiempo.

Espero que dentro de unos meses, Elena Anaya, Antonio Banderas y Marisa Paredes recojan sus Goyas a la mejor actuación. Hacía mucho, desde Philadelphia, que no me convencía un personaje interpretado por el malagueño. Aquí lo borda. Elena Anaya da con su papel de Vera Cruz un importante paso; ya no será sólo la actriz guapa que se desnuda. Incluso vestida de oscuro y con una máscara en su rostro transmite mil emociones. La actuación de Marisa Paredes ha sido muy criticada, pero creo que el director buscaba que actuase así. Un registro muy diferente al que conocemos. Respecto al tigre, me remito a lo escrito por Jonás Trueba. Almodóvar no es un novato. Sabe lo que hace. No es un error, sino, quizás, un guiño a su alocado pasado.

El cine es imagen, planos. En La piel que habito los hay cuidadísimos, trabajados con mimo. En los últimos años, Almodóvar se centra cada vez más en la imagen. Cada una de sus últimas películas tiene un plano memorable. La madre llorando sobre el hijo muerto, las mujeres en coma tomando el sol, la gota de sangre en la frente de un niño abusado por curas, el último beso de dos enamorados… Si tuviera que elegir uno de La piel que habito, elegiría el de Antonio Banderas observando, estudiando a Elena Anaya a través de una gigantesca pantalla.

Yo soy de los que prefiere la última etapa de pedo Amodóvar, que no comienza con Todo sobre mi madre sino con Carne trémula. Desde entonces he visto todos sus trabajos varias veces. La única que no me ha gustado es Volver. Quizá por las mismas razones que le gustó a Boyero. Insisto: una película no es sólo una historia interesante; muchas veces importa más el cómo que el qué. Y en Volver apenas hay cómo. Es más natural, más directa, más, si se quiere, para todos los públicos.

La piel que habito es la culminación de esta etapa de Almodóvar. Por eso me parece su mejor trabajo.

Creo que “este hombre”, como le llama Boyero, entró hace años en los anales del cine, junto con genios contemporáneos como Lars von Trier o Michael Haneke. Y si todavía no lo había hecho, con La piel que habito da una patada en la puerta y entra sin invitación.

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9 pensamientos en “La piel que habito: puro cine

  1. Cris dice:

    El final????????????? A mí la película me dio vergüenza ajena, partamos de esa premisa, pero en la sesión a la que fui -el cine estaba lleno- la inmensa mayoría de los espectadores recibieron con carcajadas la frase final. ¡Y tenían razón! Lo que debería ser un momento emotivo y vibrante da risa, porque, como casi todo en la película, Almodóvar no sabe manejar emociones verdaderas y convierte en ridículo ese reencuentro. Sus pelis ochenteras de locas y locazas tienen un punto divertido, porque eso sí lo hace bien Peeedro, pero cuando quiere ponerse intenso resulta patético y caricaturesco. La Piel que Habito es una peli de terror que no da miedo y una historia estremecedora que resulta hilarante. En serio, no entiendo que este trabajo transmita nada más allá de la belleza visual -éso si lo reconozco- de casi todos sus planos.

    • viajeroaitaca dice:

      Sería porque en mi sesión estábamos cuatro gatos, pero no hubo risas (salvo en la escena de Agustín Almodóvar).

      A mí de su primera etapa sólo me gusta Mujeres…

  2. Que el cine es una cuestión de “cómo” y no de “qué” es evidente y creo que nadie lo cuestiona. Como en cualquier otro arte narrativo. Si no, una sinopsis de un libro de Proust valdría lo mismo que un libro de Proust. El debate no va por ahí: yo no creo que falle en el “qué”, sino que se estrella gravemente en el “cómo”. Pero ese “cómo” no es una simple elección estética: sirve para ahondar en los sentimientos y en la condición humana más allá de lo que permite el lenguaje explícito. Como argumentaba Ernesto Sabato, la literatura empieza allí donde la filosofía se detiene porque su discurso racional y argumentativo no puede penetrar ni diseccionar lo que hay más allá. Y ahí es donde falla Almodóvar: su “cómo” no revela absolutamente nada, es belleza de diseño, son planos bonitos tras los que no hay nada.
    Como dice Anakrix, Almodóvar tiene un grave problema a la hora de manejar emociones verdaderas, por eso las elude, bien explotando su presunto conocimiento de los arquetipos ibéricos o bien utilizando recursos de decorador de interiores. Matizo esta afirmación: Almodóvar sólo sabe transmitir emociones auténticas cuando actúa como un narrador. Cuando lo hace como un “artista”, el resultado es hueco.
    En cuanto a la interpretación de Marisa Paredes, es vergonzosa independientemente de cual sea su motivación. Y lo del tigre, como chiste, no tiene ni puta gracia, pero como elemento dramático, da mucha risa.
    Hay una secuencia (veo que aquí sí que se puede hacer spoiler, así que voy a ello) en la que el personaje de Antonio Banderas va a visitar a su hija al psiquiátrico. La niña que interpreta el papel ejecuta una especie de danza zulú folclórica que, según Almodóvar, tenemos que creer que es la reacción de una chica traumatizada. Banderas está quieto y mira con horror a la niña. Mi teoría es que esa cara de horror no corresponde al personaje, sino al propio Banderas, que está pensando: “Pero, dios mío, ¿qué coño estoy haciendo aquí?, ¿se supone que esta chica es actriz? ¿Para esto he dejado a Melania y a los niños con mis padres en Málaga? Para esto, prefiero volver a los mariachis y a Spy Kids, donde por lo menos trabaja gente profesional de lo suyo”.
    En fin, que a mí, el último Almodóvar, con la excepción de “Volver”, me transmite las mismas emociones que los especiales de otoño de la revista “El Mueble”. Y lo digo en serio.

    • viajeroaitaca dice:

      Me he reído mucho con tu comentario. La verdad es que la actuación de la hija es indefendible.

      En lo demás, ya sabes. Salvo Volver, ¡viva el Almodóvar maduro!

  3. Lola dice:

    Cuántas emociones produce el cine de Almodóvar, siendo o no un cine de emociones. Tendré que verla, para opinar. Pero ni tanto ni tan calvo: algunas pelis de los ochentas están muy bien, y otras del director maduro, no tanto. Creo

  4. babel dice:

    Caramba, pues esta vez coincidimos en mucho respecto a la valoración de la película. No me atrevería yo a calificarla com la mejor de su filmografía, el tiempo dirá, en cualquier caso vemos un Almodovar maduro en el manejo de los malabares cinematográficos y, lo más importante, continua haciendo el cine que le da la gana, aunque oiga los cuchillos afilar en las sombras.
    De tu texto, me sorprende que no hagas referencia a las connotaciones sociales, siempre bajo el prisma almodovariano -palabro, sí- que pueda tener la película. En mi opinión las hay, como en sus anteriores trabajos. Digo me sorprende porque suelo encontrar en tus escritos este tipo de referencias comentando una película, hecho que siempre me resulta atractivo de tu punto de vista. O a lo mejor es una rallada mia y no las tiene, no sé.
    En cualquier caso, buena crítica que suscribo totalmente.
    Un saludo.

    • viajeroaitaca dice:

      Me alegro de que coincidamos.

      Tienes razón en que no he hablado de la parte social de la peli. También en que las últimas de Almodóvar tratan -a su manera- algunos “problemas” de la sociedad. Recuerdo la frase de Liberto Rabal que cierra Carne trémula: “En este país hace mucho que hemos perdido el miedo”; o la actitud hacia el sida en Todo sobre mi madre.

      Demasiadas veces, veo las películas con un ojo puesto en lo político que pueda haber en ellas. Estudié Ciencias Políticas y me apasiona el juego -a veces no es otra cosa-. Me alegra que te gusten esos análisis.

      Sin embargo, no he visto en La piel que habito ninguna referencia. Seguramente, porque no las busqué. Estaba demasiado asombrado con la belleza de los planos. Quizá cuando vuelva a verla las encuentro.

      Muchas gracias por comentar

  5. [...] Quizá sea la mejor película de Pedro Almodóvar. Un trabajo denso, maduro, nada complaciente. Escribí una reseña más extensa aquí. [...]

  6. Susana dice:

    Yo no sé nada de dirección de actores, nada sobre el armado de películas, sin embargo, me pasa con las películas de Almodóvar desde hace tiempo, más o menos logradas, que todas tienen algún motivo que advierto que no me pasan inadvertidas, que muchas veces funcionan como excusa para posibilitar el pensamiento, la emoción de muchas cosas… que precisamente no siempre están “directamente” en juego en el desarrollo del largometraje. Como ya expresaron algunos, en general, sus películas no pasan indiferentes. Producen, desde enojos a placeres diversos. Y con La piel que habito, nuevamente encuentro todas estas cosas. Creo como dice el personaje de Banderas: “el rostro nos identifica…” y ahí para mí el embrollo de toda la película; no sólo de venganzas, sino de de desandar aquello que se supondría nos identifica, nos reconocemos, nos desconocen, nos hacen otros o los mismos. Por esas aguas navega este director esta vez para mí y va desarmando como una cebolla distintas capas del asunto. Y hasta me arriesgo a decir que es un adelantado en esto donde la Ciencia, ya viene haciendo de las suyas, donde cada vez más se vienen a cuestionar qué nos constituye como personas, como seres que otros nos reconocen: ¿serán los cuerpos transformados?¿la ropa que usamos?¿los rostros?¿las palabras?¿las actuaciones?. Y desde este lugar, cada uno de los personajes, alumbra un aspecto de esta trama y con más menos exageraciones, logra por lo menos para mí, proporcionar una convicción a una película, a una historia que tiene momentos totalmente hilarantes, desopilantes, poco creíbles pero también, dramáticos en pequeños gestos, palabras, sensaciones o fundamentalmente, esa fuerza audivisual, que sí creo presente en cada una de las confecciones de Almodóvar. saludos

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