Hereafter, digno Clint Eastwood

La muerte es el gran tema de la literatura universal. Por encima del amor, del viaje y la venganza. El miedo a la muerte, las diferentes formas de enfrentarnos a la pálida dama han ocupado miles de narraciones. Es, ya se sabe, lo único común a todos los humanos. Lo que nos nivela.

Quizá por estas razones, o quizá porque ya se acerca a su fin, Clint Eastwood ha querido realizar una película sobre la muerte. Hereafter no habla de la muerte de un ser querido, ni de la propia muerte. O no sólo. Clint Eastwood ha dirigido una hermosa película que muestra diferentes mecanismos para entender y relacionarse con la muerte; estrategias, al fin y al cabo, que también sirven para entender y afrontar la vida.

Una mujer de éxito sobrevive al tsunami; ha muerto durante unos instantes, ha vislumbrado lo que hay “al otro lado”, pero ha vuelto. Y, pese a las reticencias de quienes le rodean, quiere contarlo.

Un niño pierde a su hermano gemelo en un accidente de tráfico. A su dolor se suma tener que irse a una casa de acogida mientras su madre lucha por abandonar las drogas. El chaval necesita hablar por última vez con él, y hará lo imposible por conseguirlo.

Un treintañero está condenado a vivir una vida de soledad. La razón: es capaz de ver y hablar con los muertos. A diferencia de tantos charlatanes y brujas, él tiene un verdadero don, aunque para él suponga una maldición.

Estas tres historias podrían funcionar muy bien de forma independiente, como relatos o nouvelles, o como mediometrajes integrados en una obra colectiva sobre la muerte. Pero el guionista, Peter Morgan, ha sabido enlazarlos y crear una estructura sólida, que no flaquea en ningún momento.

Era muy fácil caer en el melodrama, en la sensiblería. Pero Clint Eastwood ha conseguido una película inteligente y sobria. En ella, dos secuencias destacan sobre el resto.

Al inicio, el tsunami arrasa el pueblo del sudeste asiático donde la periodista francesa pasa sus vacaciones. Vemos cómo la ola golpea y se traga calles enteras, coches, edificios… hasta llevarse por delante a la mujer. Otros directores actuales habrían construido la secuencia a base de planos cortos y rápidos, de tal modo que no se sabe nunca qué se está viendo exactamente. Pero Clint Eastwood es un maestro, y el resultado de esta secuencia lo corrobora. (Por cierto, JA Bayona, director de El orfanato, prepara una película sobre el tsunami: hay ganas de ver el resultado).

La segunda secuencia es más intelectual. El niño va de un “vidente” a otro, en busca de una forma de hablar con su hermano. Todos le prometen el contacto con el más allá, pero todos son farsantes. A través de los ojos del chaval también nosotros desconfiamos de sus palabras. Al final, el propio niño se va de una sala abarrotada de personas necesitadas de creer. Es el único que rechaza esos timos. El único que, al final, logrará hablar con su ser querido.

Hereafter, en fin no es Gran torino, pero no es un melodrama de sobremesa, como algunos críticos han querido hacernos creer.

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