Wallander, la BBC se atreve con el policía sueco

Kenneth Brannagh fue uno de los primeros actores a los que le seguí la pista. Trataba de ver las películas en las que aparecía, sin importar el argumento: sólo por verle a él. Durante años, fue el rostro de Hamlet, de Benedicto, del doctor Frankenstein… A partir de hoy, también será sinónimo de Kurt Wallander.

Este inspector de policía es el protagonista de una serie de novelas escritas por Henning Mankell. La BBC ha adaptado varias de estas novelas y ha creado una de sus características miniseries. Por ahora, llevan 6 capítulos, cada uno de hora y media de duración. Por la calidad de su factura, bien podría tratarse de 6 películas.

Wallander es un cincuentón solitario con problemas familiares y sin ninguna habilidad especial. Es un policía más, con sus aciertos, sus fracasos y sus fantasmas personales. Después de años de detectives y policías con capacidades únicas para resolver crímenes (desde Sherlock Holmes hasta aquellos con poderes síquicos), Wallander inaugura una etapa de hombres comunes que tratan de hacer bien su trabajo.

En el primer episodio, se enfrenta a una serie de asesinatos en apariencia inconexos. Su labor será descubrir el hilo que los une. Nada especial, pues. Tampoco hay persecuciones, duros interrogatorios, maquiavélicos criminales ni damas en apuros. Wallander investiga como puede, sin poner especial pasión en el asunto. No es Jimmy McNulty, no es Vic Mackey, tampoco se parece al comisario Flores. Quizá se asemeje más a Sarah Linden, la detective en The killing.

Es todo tan normal que resulta excepcional.

En el 99 por ciento de las películas de asesinos y policías, el resultado de la investigación está de alguna forma unido con la vida personal del agente. El caso más claro es el de Seven, de David Fincher. En el primer capítulo de Wallander, las conversaciones con los testigos llevarán al protagonista a intentar acercarse a su padre, con quien matiene una relación muy poco fluida.

Si hay que poner un pero a Wallander es el apabullante uso de la música. Como en las malas películas de suspense, la banda sonora dice qué va a pasar antes de que pase, y predispone al espectador a sentir una emoción antes de tiempo. Pero éste es un pero muy pequeño.

Por encima de todo está Kenneth Brannagh, en un registro muy diferente al de décadas asadas. Todo contención, sobriedad, elegancia. Inmenso.

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