Antes del atardecer: cómo hemos cambiado

Before sunrise (Antes de amanecer) es, junto con Reality Bites, una de las películas clave de mi adolescencia. Supongo que estaba diseñada para ese cometido. Dos jóvenes guapos e inteligentes se encuentran en Viena mientras viajan de mochilero y disfrutan del día más romántico de sus vidas. Al amanecer, de ahí el título, cada uno seguirá su camino.

Imposible no querer ser Ethan Hawke o Julie Dely (depende del género y los gustos), imposible no soñar con un encuentro semejante, imposible no sentirse identificado con las conversaciones que mantienen en el bar o en el parque, imposible no querer tener esas mismas charlas con tu alma gemela, todavía por conocer.

Pero ha pasado el tiempo, y el romanticismo ha dado paso a un cierto desencanto, a una cierta resignación. Before sunset (Antes del atardecer) se sitúa nueve años después de su mágico encuentro. Jesse es un escritor de éxito y Celine una activista de medio ambiente. La ciudad ya no es Viena, sino París. Allí, en la renombrada librería Shakespeare & Co, presenta Jesse su libro, basado precisamente en lo sucedido aquella noche.

Celine sabe que su ¿amigo, amante? estará allí y va a buscarlo. Juntos pasearán por la ciudad del amor, recordarán los mejores y peores momentos del día en que se conocieron, se reprocharán no haber mantenido el contacto y hablarán de sus actuales vidas. Jesse está casado con una mujer a la que no ama y Celine se ha buscado un novio que nunca está en casa. Ninguno son felices. ¿Podrían serlo de haber seguido juntos?

En la primera parte, al despedirse, se citan dentro de seis meses. Nueve años después los periodistas le preguntan: ¿llegaron a verse de nevo los protagonistas del libro? Jesse responde que los románticos pensarán que sí, y los cíniccos que no. La misma estrategia puede usarse para la anterior pregunta.

No sabemos si Jesse y Celine seguirán juntos después de este segundo encuentro. Pero no importa. Hemos pasado juntos cuatro horas maravillosas. Como ellos, hemos crecido; tanto en Viena como en París nos hemos sentido identificados. Pocas películas logran esa empatía.

Y muy pocas logran atrapar al espectador con tan escasos recursos. En Before sunset no hay sexo, no hay carreras, ni siquiera discusiones a gritos. Sólo dos personas hablando y hablando de sí mismas. Y, al hacerlo, también hablan de nosotros. Una gozada.

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Un pensamiento en “Antes del atardecer: cómo hemos cambiado

  1. Ambas películas se encuentran entre mis favoritas. Curiosamente, vi en primer lugar la segunda. Puede que esté dirigida a un público muy concreto, exquisito, si se quiere, pero ambas son una lección de guión y de dirección de actores. Nunca dos paseos han dado para tanto…

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