Habemus Papam: fumata negra para Nanni Moretti

Hay películas (y libros) que nacen de una pregunta: “¿Qué pasaría si…”. “¿Qué pasaría si la Cenicienta fuese una prostituta? ¿Qué pasaría si un día te despertaras convertido en cucaracha? ¿Qué pasaría si te confundieran con otra persona? Nanni Moretti se pregunta en su último trabajo: “¿Qué pasaría si un cardenal recién elegido Papa no quiere ejercer su labor?” Sugerente premisa. Lástima que no sea más que eso.

El primer tercio de Habemus Papam -tradicionales palabras para anunciar la elección del nuevo Pontífice- es magnífico. Nanni Moretti rueda con sobriedad e inteligencia el momento vedado a casi todos los mortales: el cónclave del que saldrá el sustituto del Papa. A priori, es fácil pensar que todos los cardenales ansían ser elegidos. Pero Moretti muestra una cara más ácida de la reunión. Mientras el secretario hace el recuento de votos, todos los cardenales piden a Dios: “Que no sea yo, que no sea yo”.

El nuevo Papa rehúsa ser presentado en público y el portavoz del Vaticano trae a un psicoanalista para que le trate. Pero pero apenas hablan. De hecho, si se eliminara este personaje -interpretado por el propio Moretti- no pasaría nada. Lo que podría ser una secuencia interesante -el Papa en el diván, desvelando secretos inconfesables- se queda en una escena sin gracia.

A partir de este momento, la película decae hasta el aburrimiento.

Como en tantas otra películas, el segundo acto se hunde porque el protagonista no quiere nada. Vemos al Papa vagar por Roma, entrar a un café, dormir en un hotel, ir al teatro… Pero lo hace sin ganas, no busca nada. Mientras, miles de personas espera en la Plaza de San Pedro a que anuncien a su nuevo líder. Y dentro del edificio, el psicoanalista juega a las cartas y al voleibol con los cardenales.

En definitiva: minutos y minutos de vacío.

La película termina porque es la hora, no porque la historia concluya. Podría haberla terminado antes o después y daría igual. El Papa es el mismo al inicio y al final. Los días de encierro en San Pedro no han cambiado la forma de pensar o de ser del psicoanalista. Los que hemos cambiado somos los espectadores: somos más viejos.

Nanni Moretti es un director magnífico. Caro diario impulsa a vivir. Sólo por haber rodado esa maravilla merecería ser recordado. Pero aquí ha dado un traspiés. Ni el Papa es infalible.

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Un pensamiento en “Habemus Papam: fumata negra para Nanni Moretti

  1. Chivo dice:

    De vacío nada. Si te aburres es porque no te enteras.

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