Vientos de agua: la mejor serie española (y argentina)

Es un tópico escribir que en España no se hacen buenas series. Que todas son iguales: comedias costumbristas pobladas de arquetipos pasados por un espejo deformante. Es cierto, pero sólo en parte.

Antes, mucho antes que la fiebre por las series llegara a nuestras pantallas de ordenador, antes de que fuéramos legión los que descargamos capítulos emitidos horas antes en la Costa Oeste de EE.UU. y antes de que los personajes de ficción ocuparan portadas de revistas y páginas de periódicos, sí existió una serie española de calidad.

Vientos de agua (creada por Juan José Campanella) es una serie sólida, robusta, con personajes definidos a fuego lento, con tramas que se posan en la memoria sin prisa. Una adelantada a su tiempo. Tan adelantada que en su momento de emisión fue un fracaso. Telecinco la emitió en el año 2006 y no logró la audiencia esperada. Quizá porque buscaban repetir el éxito de Médico de familia o Farmacia de guardia, series que reunían a familias enteras delante de la caja semana tras semana.

En el primer capítulo nos encontramos con dos líneas temporales que se irán entrecruzando. Por un lado tenemos a un joven minero asturiano (Ernesto Alterio) que en la década de los 30 emigra a Argentina en busca de una vida mejor. Por otro lado, su hijo (Eduardo Blanco) realiza 70 años más tarde el camino inverso: de Argentina a Madrid. Deja en Buenos Aires a su mujer, a sus dos hijos y a su padre (Héctor Alterio), que renuncia a un último viaje a Asturias para que el hijo encuentre un futuro.

El padre huye de la miseria, de la Guardia Civil, y de una posible muerte en la mina. El hijo huye del corralito, de un país que se derrumba y de una familia que se tambalea. Ninguno encuentra lo que busca. Argentina es un lugar de emigrantes pero no un paraíso. Hay que trabajar duro, sobrevivir a toda costa, mantener la dignidad y, si se puede, la memoria. En España también parece que sobran emigrantes, y la picaresca es el deporte nacional. En ambos casos los protagonistas encuentran la salvación (real y metafórica) en la solidaridad.

Vientos de agua es un bello canto a la unión entre las personas. No importa el color, la raza, el acento. Como reza el dicho: united we stand, divided we fall.

En un segundo plano, la serie también es una oda al padre. Un estudio sobre la incomunicación entre padres (no madres) e hijos: los silencios, las palabras nunca dichas, los te quiero jamás pronunciados.

Juan José Campanella creó una de las mejores series de la televisión, sin nada que envidiar a los hijos de HBO. Vientos de agua consta de una sola temporada, 13 horas de puro cine. Ahora que existen las descargas directas y Telecinco ya no puede retrasar su hora de emisión ni colocar 20 minutos de anuncios en cada capítulo es es momento de dejarse seducir por esta historia.

Extra: Aquí un completo perfil de Campanella publicado en el diario Página/12.

Extra: Aquí puede descargarse la serie completa.

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