Archivo de la categoría: Cine español

[Rec] 3: brillante sátira con zombies

La tercera parte de la saga iniciada por Jaume Balagueró y Paco Plaza en 2007 no es una película de miedo: es una comedia. En su momento todos gritamos mucho con la pobre reportera y nos sorprendió la forma de grabar las escena. Era de esperar de las secuelas siguieran el mismo camino pero sus artífices son unos directores inteligentes y no se contentan con exprimir la gallina de los huevos de oro: prefieren cambiarla por un gallo.

[Rec] 3 Génesis, se inicia con una magistral secuencia de boda, la mejor desde la que abría El Padrino. Si Paco Plaza hubiera rodado sólo esta parte y la hubiera presentado a concursos como un corto, habría arrasado. En la pantalla vemos el menú de un DVD, y por un instante pensamos que el proyeccionista se ha liado. En realidad es el vídeo de la boda de los protagonistas. Asistimos a la ceremonia y al banquete a través de las cámaras de los invitados: la mini DV de la hermana, el móvil de un amigo, la cámara profesional del fotógrafo oficial… Diferentes texturas, diferentes formatos de pantalla, diferentes estilos de grabación. Juntos forman un documento excepcional que satiriza la forma actual de celebrar una bodas: los amigos que se ponen un trae una vez al año, las amigas que no saben caminar con tacones, las tías gordas y ultraperfumadas, el abuelo sordo, el cura aburrido, los camareros latinoamericanos, el inspector de la SGAE, el animador de niños, las canciones horteras, los discursos vergonzantes… Una cámara puede ridiculizar cualquier celebración; 5 cámaras diferentes y un montaje a mala uva puede lograr que nunca vayamos a una boda con el mismo espíritu.

Tras la cena, uno de los invitados se cae del primer piso. Hay gritos, nerviosismo, la música se apaga. Algunos se acercan a comprobar su estado, parece que está muerto. Pero no. Abre los ojos y arranca parte del cuello de un familiar.

A partir de entonces la película cambia de tono y se sitúa entre el gore y el terror cómico tipo Scream. Los zombies no dan miedo y ya no hay sustos, pero no importa. Los espectadores disfrutamos con las aventuras de los recién casados, que tratan de evitar ser comidos por sus familiares. Los actores están espléndidos. Diego Martín logra dar una vuelta de tuerca a su personaje en Aquí no hay quien viva: sigue siendo un tonto enamorado, pero ahora es capaz de armarse con una espada y dedicarse a matar a sus amigos. Leticia Dolera junta a la chica de El Resplandor con las heroínas de acción y no duda en cortarse el vestido con una motosierra para correr mejor.

El final de la película constituye el mejor deus ex machina de la historia del cine español. Esta expresión en latín se refiere a la técnica empleada en el teatro antiguo para solucionar los problemas y terminar muchas obras: cuando el prota estaba a punto de morir, un dios baja del cielo ayudado por una grúa y lo salva. En general, no se debe usar este truco, pues denota que el guionista no sabía como acabar la peli y ha optado por el camino fácil. Pero aquí el deus ex maquina es casi literal y resulta un maravilloso acierto.

Balagueró y Plaza pusieron el listón lato con la primera parte y este año los dos han demostrado que son muy buenos directores. El primero ha rodado la desasosegante Mientras duermes y el segundo ha conseguido escribir un capítulo en el cine satírico-costumbrista.

Nota: 7/10

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Mientras duermes: magnífico suspense

El deporte nacional de España es querer que al vecino las cosas le vayan igual de mal que a uno. De esta premisa parte Jaume Balagueró para rodar su mejor película.

Mientras duermes nos traslada a un bloque de edificios “bien” de Barcelona. César, interpretado por Luis Tosar (tendrá que disputar con Antonio Banderas el Goya a actor protagonista), es el portero. Un hombre incapaz de ser feliz por naturaleza, como quien nace sin vista u olfato. La única forma que encuentra de sentir cierto placer es arruinar la vida de los demás.

Su víctima es Clara (Marta Etura, pareja de Tosar en la vida real), una joven guapa y risueña que, a pesar del acoso a que es sometida, logra sonreír cada mañana. El tercer pilar de esta película, el pilar que eleva a Mientras duermes por encima de otras películas de suspense, es una niña de 12 o 13 años. Una vecina (encarnada por Iris Almeida; futuro Goya a actriz revelación) que conoce las actividades del portero. A cambio de su silencio, le pide dinero… y más cosas.

Conforme avanza la película vamos conociendo en qué consisten las actividades nocturnas del portero. A cada revelación se eriza la piel del espectador. La última llega en el tercer acto; entonces quedamos desolados. Este portero debería estar en la cárcel y, sin embargo, termina por suscitar cierta empatía. En un momento dado es imposible no sufrir con él, no desear que no descubran quién es realmente. Esta solidaridad se logra gracias a la oposición entre el portero y la niña (otro vendrás que bueno te harán). César tiene una razón para hacer lo que hace pero ¿y la niña? ¿Cómo será a los 30 años? Ella es la verdadera mala de la película.

Es usual afirmar que las películas pertenecen a su director. Esto es aceptable si el director es Terrence Malick, Almodóvar o Tarantino. Pero Mientras duermes no es una película de Balagueró. El director catalán aporta el rostro conocido y cierto oficio (sin alardes, los planos acentúan la sensación de inseguridad) pero la fuerza del film recae en el guión. Así que lo justo es decir que casi todos los aciertos (salvo un detalle: es raro que una niña tenga cuenta de twitter; ¿querrá decir tuenti?) son de Alberto Marini.

Suelo insistir en que el cine español necesita buenas películas de género. Pues bien, Mientras duermes es una de ellas. No tiene nada que envidiar a cualquier thriller psicológico venido de Hollywood. Muy recomendable.

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No habrá paz para los malvados: verdadero cine negro

Hasta hace unas semanas, solía decir que La caja 507 era el mejor thriller del cine español. Es una película muy sólida, se acerca a un género muy maltratado en estos lares y lo hace con elegancia y sin complejos. Estamos acostumbrados a que las películas “de tiros” o “de mafiosos” vengan del otro lado del charco, a que aquí los malos den risa y los buenos sean tontos, a que la sangre sea tomate mal camuflado y los narcotraficantes no pasen de chulos de barrio. La caja 507 huye de todo eso.

Ahora ya no puedo decir que es el mejor thriller. Otra película le ha robado el puesto. Se titula No habrá paz para los malvados y no es casualidad que esté dirigida por Enrique Urbizu. Sí, el mismo que firmó La caja 507.

El buen cine negro utiliza las pistolas para hablar de algo más. Es un cine social que no aburre. Urbizu habla en esta película de las relaciones entre narcotráfico y terrorismo. Un asunto que a veces pasa demasiado desapercibido. Hay indicios de que ETA se financiaba en parte gracias al narcotráfico y que Al Qaeda recibe ingentes sumas de dinero de la heroína cultivada en Afganistán. El director ha dicho en alguna entrevista que cuando un joven se mete una raya el sábado por la noche puede estar financiando un nuevo 11M.

Urbizu firma una historia negra, negrísima. Santos Trinidad -un policía perdido para todos, alcohólico, sin amigos ni familia, de mirada turbia y gatillo fácil- mata a varias personas en un burdel de Madrid. Al limpiar sus huellas descubre que alguien le ha visto. A partir de entonces, su único objetivo será cazar a este tipo.

En paralelo, una juez investiga la matanza. Es la antítesis de Santos Trinidad. Su arma no es la pistola sino la palabra. Frente a la violencia de Santos, las mentiras de otros policías, la salvaje noche madrileña es, de algún modo, la civilización.

La caza de Santos y la investigación de la juez se entrecruzarán. Cada uno consigue datos que el espectador va armando como un puzzle. Sólo al final quedará completo. Pero no será fácil unir los puntos, la información no se da mascadita. Es una película inteligente para espectadores activos.

En la película hay prostitución, drogas, palizas, asesinatos, persecuciones… Todo orquestado por la mano de Enrique Urbizu, que dirige como los ángeles. Sabe lo que quiere y lo hace. Son planos precisos, afilados. La violencia es seca, alejada de estereotipos y mitologías. Recuerda a un buen narrador que contara una historia dura con pocas palabras, las necesarias.

Hay que pararse a destacar el trabajo de José Coronado. El actor encarna a Santos Trinidad de forma visceral. Ha demostrado ser más que una cara guapa. Armado de una melena salvaje y un bigote de cowboy o narco mexicano, Coronado logra la mejor interpretación de su carrera. Por momentos recuerda al Harvey Keitel de Teniente corrupto, por momentos al Rafael Mazas de La Caja 507 (el Rafael Mazas en que se hubiera convertido de seguir en el cuerpo de policía). Espero escuchar su nombre en la próxima gala de los Goya.

Hay quien ha dicho que No habrá paz para los malvados es demasiado lenta. Discrepo. No es lenta, simplemente dosifica la violencia. Hay sangre, pero la justa. Hay disparos, pero ni uno más de los imprescindibles.

Frente a tanta película de autor si interés, melodramas repetitivos, y comedias románticas sin gracia, No habrá paz para los malvados es un soplo fresco. El cine español necesita más películas de género, más artesanos y menos artistas. No se la pierdan.

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La piel que habito: puro cine

Vaya por delante: creo que La piel que habito es la mejor película de Pedro Almodóvar. Dicho esto, que es muy sencillo de decir, veamos por qué me ha gustado.

Es ya un tópico decir que todas las historias están ya contadas; pero no por eso es menos cierto. Ya no se pueden inventar nuevos cuentos, lo único que el verdadero artista puede hacer es contarlos de tal forma que parezcan nuevos. Darles una vuelta de tuerca, reinventarlos, como se suele decir. Esto es lo que hace Pedro Almodóvar en su última película.

La piel que habito es una historia de venganza. Punto. Lo que la hace original es el cómo. Y aunque casi todos los cómos ya han sido utilizados demasiadas veces, logra llevar la narración a su particular mundo y, así, hacerla única. Tiene razón Sergio del Molino cuando escribe que si Michael Haneke hubiera dirigido esta película estaríamos todos muertos de miedo. Los verdaderos directores saben tomar una historia ajena y hacerla suya. También Tarantino escribió una larga historia de venganza y fascinó a medio mundo.

El cómo de La piel que habito es una estructura narrativa no lineal. Son tres actos (el segundo dividido en dos) en los que se cuenta la historia a base de flashbacks. En el primero la venganza está consumada: vemos los efectos, aunque no entendemos quién es el vengador, quién la víctima y cuál el motivo. En el segundo se nos cuenta, como si fueran un sueño (o dos: los de Banderas y Anaya), qué sucedió para despertar la ira de Banderas, y cuál fue, en realidad, esta venganza. En el tercer acto volvemos al presente, casi donde lo habíamos dejado.

El final es uno de los mejores del director. Dire Straits terminaban sus conciertos con Local Hero, un tema muy tranquilo, y con las luces encendidas. También Almodóvar huye aquí del final impactante, de los fuegos de artificio. Sólo una frase, apenas susurrada, una frase que, como la pronunciada por el asesino de El secreto de sus ojos, permanece en mi memoria. Y lo hará durante mucho tiempo.

Espero que dentro de unos meses, Elena Anaya, Antonio Banderas y Marisa Paredes recojan sus Goyas a la mejor actuación. Hacía mucho, desde Philadelphia, que no me convencía un personaje interpretado por el malagueño. Aquí lo borda. Elena Anaya da con su papel de Vera Cruz un importante paso; ya no será sólo la actriz guapa que se desnuda. Incluso vestida de oscuro y con una máscara en su rostro transmite mil emociones. La actuación de Marisa Paredes ha sido muy criticada, pero creo que el director buscaba que actuase así. Un registro muy diferente al que conocemos. Respecto al tigre, me remito a lo escrito por Jonás Trueba. Almodóvar no es un novato. Sabe lo que hace. No es un error, sino, quizás, un guiño a su alocado pasado.

El cine es imagen, planos. En La piel que habito los hay cuidadísimos, trabajados con mimo. En los últimos años, Almodóvar se centra cada vez más en la imagen. Cada una de sus últimas películas tiene un plano memorable. La madre llorando sobre el hijo muerto, las mujeres en coma tomando el sol, la gota de sangre en la frente de un niño abusado por curas, el último beso de dos enamorados… Si tuviera que elegir uno de La piel que habito, elegiría el de Antonio Banderas observando, estudiando a Elena Anaya a través de una gigantesca pantalla.

Yo soy de los que prefiere la última etapa de pedo Amodóvar, que no comienza con Todo sobre mi madre sino con Carne trémula. Desde entonces he visto todos sus trabajos varias veces. La única que no me ha gustado es Volver. Quizá por las mismas razones que le gustó a Boyero. Insisto: una película no es sólo una historia interesante; muchas veces importa más el cómo que el qué. Y en Volver apenas hay cómo. Es más natural, más directa, más, si se quiere, para todos los públicos.

La piel que habito es la culminación de esta etapa de Almodóvar. Por eso me parece su mejor trabajo.

Creo que “este hombre”, como le llama Boyero, entró hace años en los anales del cine, junto con genios contemporáneos como Lars von Trier o Michael Haneke. Y si todavía no lo había hecho, con La piel que habito da una patada en la puerta y entra sin invitación.

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Tres días con la familia: diseccionando hipocresías

“Un matrimonio catalán asiste a una ópera en el Liceo. Antes de que se apaguen las luces, la mujer se fija en una señora demasiado pintada. Dice al marido: ¿Y ésa? Es la amante de Sandoval, responde. La mujer lanza una última mirada y concluye: La nuestra es mucho más maja”

Este chiste, contado a mitad de Tres días con la familia (durante una misa), sirve como resumen y metáfora del contenido de la película. Su directora, Mar Coll, nos muestra las hipocresías de una familia de la alta burguesía catalana, las mentiras piadosas, las verdades que duelen, las realidades que prefieren ignorar…

La directora elige el punto de vista de Lea, una de las nietas. Vive en París, tiene una agónica relación con su novio y detesta la carrera que, se intuye, no ha sido elegida por vocación. El personaje está interpretado por Nausicaá Bonnin, un grandísimo acierto.

La película comienza con la muerte del patriarca, un hombre al que nunca vemos pero cuya presencia se siente en cada escena. Al velatorio, funeral y entierro acuden los hijos (el exitoso, hecho a sí mismo; el apocado, superado por las circunstancias; y el que casi agradece no tener que soportar más a su padre), las nueras (una de ellas tan típicamente burguesa que produce risa; la otra se venga ginebra a ginebra de los 25 años soportando a la familia de su marido) y los nietos (algo más desdibujados, salvo la protagonista).

Convivirán durante tres días, y en ese breve lapso saldrán a relucir fantasmas y esqueletos que creían bien encerrados. Es difícil mantener siempre las formas, fingir lo que no se siente. Y en momentos tensos o emotivos, como el funeral, los personajes no logran sujetar sus verdaderos sentimientos.

Mar Coll logró el Goya a directora novel y puso definitivamente en el mapa a la ESCAC, la escuela de cine de Cataluña de la que están saliendo películas muy interesantes (y de la que salió Juan Antonio Bayona, director de El orfanato). Es un reconocimiento merecido. Tres días con la familia es una pequeña gran película.

Se puede ver en Filmin.

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