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Biutiful: sufrimiento al azar

El cine de Alejandro González Iñárritu se basa en la casualidad. El azar se encarga de hilar las historias que componen sus películas. Los perros de presa y la bella modelo en su debut; los niños que juegan con armas y una joven japonesa en su trabajo menos logrado; siempre hay un nexo más o menos forzado que une varios argumentos para trenzar sus películas.

Como en las novelas de Paul Auster, el espectador se enfrenta a la obra de Iñárritu con la credulidad en suspenso, dispuesto a tragarse lo que le echen. O casi. Porque cuando se tira mucho de la cuerda se rompe, y no hay sala oscura que impida al espectador retorcerse en la butaca mientras piensa que la casualidad se parece mucho a un guionista con ínfulas.

Esto, precisamente, es lo que sucede en Biutiful.

El mexicano cuenta en esta esperada película los últimos días de vida de Uxba en una Barcelona sórdida y oscura, muy alejada de las postales. Como si fuera el reverso oscuro de “Mi vida sin mí”, el protagonista quiere irse en paz, habiendo cerrado sus asuntos pendientes. Este moribundo logra aunar en una sola historia a putas bipolares, negros que venden discos en la calle, inmigrantes chinos que malviven en talleres ilegales, adivinas de barrio y constructores corruptos.

Demasiado.

Casualidades aparte, la película cuenta con la inmensa presencia de Javier Bardem. No hay palabras suficientes para describir su actuación; merece llevarse todos los premios posibles. El Dolor, así con mayúsculas, queda reflejado en cara arruga de su rostro, en cada movimiento, en cada intento de arreglar el mundo y fracasar una y otra vez. Uxbal sufre, y el espectador sufre con él.

Los demás elementos, la música, la fotografía, la forma de grabar la Barcelona oculta… Todo contribuye a crear un estado de miseria material y espiritual que deja al espectador sentado en la butaca una vez funde a negro la pantalla.

Biutiful es el primer trabajo en solitario de Iñárritu, después de años de colaboración con Guillermo Arriaga. Es posible que fuera éste quien pusiera coto a sus imaginaciones azarosas. Sin él, queda un magnífico director a la búsqueda de guiones más sólidos. El día que decida rodar una historia directa, ajena a las casualidades, nos dará un puñetazo en el estómago. Habrá que esperar a entonces.

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