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Mientras duermes: magnífico suspense

El deporte nacional de España es querer que al vecino las cosas le vayan igual de mal que a uno. De esta premisa parte Jaume Balagueró para rodar su mejor película.

Mientras duermes nos traslada a un bloque de edificios “bien” de Barcelona. César, interpretado por Luis Tosar (tendrá que disputar con Antonio Banderas el Goya a actor protagonista), es el portero. Un hombre incapaz de ser feliz por naturaleza, como quien nace sin vista u olfato. La única forma que encuentra de sentir cierto placer es arruinar la vida de los demás.

Su víctima es Clara (Marta Etura, pareja de Tosar en la vida real), una joven guapa y risueña que, a pesar del acoso a que es sometida, logra sonreír cada mañana. El tercer pilar de esta película, el pilar que eleva a Mientras duermes por encima de otras películas de suspense, es una niña de 12 o 13 años. Una vecina (encarnada por Iris Almeida; futuro Goya a actriz revelación) que conoce las actividades del portero. A cambio de su silencio, le pide dinero… y más cosas.

Conforme avanza la película vamos conociendo en qué consisten las actividades nocturnas del portero. A cada revelación se eriza la piel del espectador. La última llega en el tercer acto; entonces quedamos desolados. Este portero debería estar en la cárcel y, sin embargo, termina por suscitar cierta empatía. En un momento dado es imposible no sufrir con él, no desear que no descubran quién es realmente. Esta solidaridad se logra gracias a la oposición entre el portero y la niña (otro vendrás que bueno te harán). César tiene una razón para hacer lo que hace pero ¿y la niña? ¿Cómo será a los 30 años? Ella es la verdadera mala de la película.

Es usual afirmar que las películas pertenecen a su director. Esto es aceptable si el director es Terrence Malick, Almodóvar o Tarantino. Pero Mientras duermes no es una película de Balagueró. El director catalán aporta el rostro conocido y cierto oficio (sin alardes, los planos acentúan la sensación de inseguridad) pero la fuerza del film recae en el guión. Así que lo justo es decir que casi todos los aciertos (salvo un detalle: es raro que una niña tenga cuenta de twitter; ¿querrá decir tuenti?) son de Alberto Marini.

Suelo insistir en que el cine español necesita buenas películas de género. Pues bien, Mientras duermes es una de ellas. No tiene nada que envidiar a cualquier thriller psicológico venido de Hollywood. Muy recomendable.

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También la lluvia: la mejor película de Bollaín

Debo admitirlo: la última película de Icíar Bollaín no me atraía nada. La verdad es que no he llegado a sintonizar con la directora. De su filmografía sólo me gusta Te doy mis ojos (hay una escena de esa película que tengo grabada a fuego). Quizá porque cada vez me gusta menos el cine “con mensaje”, el caso es que en su momento no fui a ver También la lluvia al cine. Y debería haberlo hecho. Es su mejor película.

En ella se cuenta el rodaje -en Bolivia y con actores indígenas no profesionales- de una película sobre la llegada de Colón a América. Pero lo que parece una divertida aventura se convierte en una empresa imposible y en una prueba de fuego para las conciencias de los miembros del equipo.

En la primera escena, el director y el productor llegan a un casting de actores. Los aspirantes a actores son demasiados; no pueden atenderlos a todos. Deciden mandarlos a casa. Hay protesta general, pero es ignorada. Como en las buenas películas, esta escena inicial es una miniatura de lo que luego vendrá. Y, por qué no, del trato dado por el primer mundo a los indígenas.

En su favor, También la lluvia cuenta con un guión sólido, unos actores excepcionales y una secuencia inicial magnífica. El libreto corre a cargo de Paul Laverty, pareja de la directora y mano derecha de Ken Loach durante años. Los personajes principales recaen en Gael García Bernal, Luis Tosar y Karra Elejalde, habituales del cine español; pero lo mejor ha sido descubrir a Juan Carlos Aduviri,  interpretando al indio rebelde. En cuanto a la realización, si un director muestra su valía al elegir los movimientos de cámara, aquí Bollaín saca notable alto.

En su contra, hay que señalar cierto exceso de mensaje. Aunque está más oculto que en anteriores películas, También la lluvia no deja de ser un alegato en favor de los derechos de los indígenas (a los que les roban todo: hasta el agua que cae del cielo).

Tras la película, me ronda un pensamiento: el objetivo es mostrar la contradicción de un equipo de cine que rueda una peli sobre los derechos de los indígenas y se ve envuelto en una lucha verdadera. Sin embargo, ¿no habrá caído el equipo de Iciar Bollaín en esa misma contradicción?

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Celda 211

No todas las películas aguantan un segundo visionado. Si además se trata de cine de género, si no es la obra intransferible de un autor, éste número se reduce. A menudo descubrimos las costuras, los fallos de guión, nos aburrimos esperando a la escena por la que recordamos esa película… Sólo las verdaderamente buenas se sostienen. Celda 211 es una de ellas.

La primera vez que la vi, en una sala de cine, no sabía que estaba a punto de descubrir una de las mejores películas de los últimos 10 años. Tenía todas las dudas y prejuicios del mundo. La publicidad vendía la película como un thriller carcelario y ése género era incompatible con la palabra España. Aquí no se hacen películas de género, pensé. O, más bien, se hacen muy pocas y casi ninguna es sólida. Por fortuna, hay una tendencia creciente a desmentir esta frase; ahí están El orfanato, Los ojos de Julia o Pagafantas. Todas películas de género y todas muy sólidas.

Hace unos días me senté delante del ordenador a ver Celda 211 por segunda vez. Tenía la certeza de que no iba a terminarla, de que me aburriría a la media hora, de que, conociendo el final, no tenía ningún aliciente ver las hora y media anterior. De nuevo, me equivoqué.

Quizá porque ya conocía el desarrollo de la película, empaticé más con el protagonista. El funcionario de prisiones que quiere ir bien preparado el primer día de trabajo – y, por eso, va un día antes a la prisión- interpretado por Alberto Ammann merece toda mi comprensión. Sufrí con él cuando le tocaba sufrir y disfruté de sus pírricas victorias.

Pero hay más presos en esta cárcel. Me gustó mucho Vicente Romero en el papel de guardaespaldas oficioso de Malamadre. Ahora este actorazo interpreta un papel no muy diferente en Crematorio, la serie de Canal + sobre la corrupción. Y en ambos formatos lo borda. También convence Manuel Morón, quizá un tanto encasillado en el papel de funcionario gris, corrupto y, por qué no, hijodeputa.

De Luis Tosar, Malamadre, prefiero no escribir nada. Sobran las palabras.

El único fallo de la película, y creo que no soy el único que lo piensa, son los flashbacks. A lo largo de buena parte del metraje, Daniel Monzón interrumpe la acción de la cárcel para mostrarnos lo felices que son el protagonista y su mujer. No es necesario. Nos lo creemos sin verle.

En definitiva, una gran película de género.

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